XXXIII Coloquio Internacional de Bibliotecarios, - Servicios de información para grupos vulnerables - del 2 al 4 de diciembre -
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Mariana Fernández Ramírez

Mariana Fernández Ramírez, México

Mariana Fernández Ramírez
Abogada, política y una activa luchadora en busca de la construcción de un Jalisco con mejor calidad de vida.
 
Estudió la Licenciatura en Leyes en la Universidad de Guadalajara entre 2006 y 2010. Se postuló como candidata a Diputada Local por el Distrito 8 de Guadalajara. Ganó esa elección y en 2009, a los 21 años de edad, se convirtió en la legisladora más joven en la historia del Estado de Jalisco.
 
Como Diputada de la LIX Legislatura presentó 89 iniciativas, entre las cuales se destacan la creación y aprobación de tres legislaciones completas: La Ley de Atención a la Juventud, Ley del Protección y Cuidado de los Animales y la Ley del Deporte y la Cultura Física, todas del Estado de Jalisco.
 
El 13 de marzo del 2013 fue nombrada Presidenta del Instituto Jalisciense de las Mujeres (IJM). Durante su gestión se implementaron las órdenes de protección, como una innovadora figura de protección a la vida de las mujeres violentadas inédita para el Estado de Jalisco. 
Desde noviembre de 2018 es Diputada Local. Sus iniciativas en este nuevo periodo legislativo han buscado ampliar los derechos de las personas, destaca también su propuesta para elevar penas en los casos de crímenes de odio. 
 

Los crímenes de odio y la indiferencia de la sociedad

 
En abril pasado, la prensa en Guadalajara difundió la historia de Donaldo Martínez, quien fue golpeado con saña, en la zona de avenida Chapultepec, sólo por tener el valor de responder a las agresiones verbales de quienes lo insultaron por ser homosexual. Lo desfiguraron y casi perdió la vida.
 
Desde junio, integrantes de la iglesia La Luz del Mundo han denunciado agresiones y tratos discriminatorios en todo el país. Aquí en Guadalajara los camiones en los que se trasladaban sus grupos de feligreses fueron apedreados en dos ocasiones.
 
Como sociedad somos indiferentes: nos sorprendemos e indignamos por los tiroteos que recientemente tuvieron lugar en Estados Unidos y que tenían como blanco principal a los inmigrantes; pero no ponemos atención a lo que sucede en nuestro país.
 
El odio no se limita a cuestiones de raza u origen étnico. Odiamos por las preferencias sexuales, nos enfrentamos por los ideales, repudiamos por las creencias religiosas, discriminamos por el color de piel, la discapacidad o por formar parte de pueblos indígenas, también por la condición social. Y ese odio frecuentemente se traduce en discriminación, lesiones y muerte.
 
En México no hay estadística oficial sobre los crímenes de odio, aquellos que se cometen en contra de los derechos humanos de grupos que de por sí sufren discriminación.
 
Pero hay un estudio de la organización Letra Ese que nos pueden dar una idea de lo extendido que está el odio: entre 2012 y 2018, al menos 473 personas fueron asesinadas en todo el país por su preferencia o identidad sexual, su religión, su origen étnico, su discapacidad, su ideología o alguna otra condición social que los hacía vulnerables. 6.5 muertes por odio al mes en un sexenio.
 
A pesar de esto, únicamente 6 entidades cuentan con legislación al respecto en sus Códigos Penales y sólo en 3 –Ciudad de México, Coahuila y Nuevo León— la normatividad penal en la materia es completa.
 
Como diputada, presenté una iniciativa de reforma al artículo 219 del Código Penal para el Estado Libre y Soberano de Jalisco, agregando la agravante para para los delitos de homicidio y lesiones cuando sean motivados por el odio.
Además de definir con claridad los crímenes de esta índole, con la reforma se busca que se aumenten las penas en una mitad en el caso de lesiones; y que pasen de 12-18 años de prisión a 20-40 años, cuando se trate de homicidios, en caso de acreditarse el rechazo, repudio, desprecio o intolerancia contra alguno de los colectivos vulnerables.
 
No es nuestra religión, ni nuestra ideología, ni nuestra nacionalidad u origen, ni nuestra preferencia sexual o condición económica lo que nos debería hacer diferentes. 
 
Nuestra capacidad para dialogar y encontrar caminos de amor para construir juntos, desde nuestras diferencias, es la vía de la esperanza.